
La actividad física está ampliamente reconocida como beneficiosa para la salud metabólica, cardiovascular y psicológica. Sin embargo, su relación con la fertilidad femenina es más compleja y depende en gran medida de la intensidad, la disponibilidad de energía y el contexto fisiológico de cada persona.
En medicina reproductiva, es mejor entender el ejercicio no como un factor binario (bueno o malo), sino como parte de un equilibrio energético y endocrino general que influye en la función hipotálamo-hipófisis-ovario (HPO). Para las mujeres que intentan concebir, ya sea de forma natural o mediante técnicas de reproducción asistida, la cuestión clínica relevante es cómo se relacionan los diferentes niveles y tipos de actividad física con los resultados reproductivos. Esta revisión resume la evidencia actual con la debida precaución respecto a la causalidad.
Respuesta breve: Para la mayoría de las mujeres que intentan concebir, la actividad física moderada, de unos 150 a 300 minutos a la semana, favorece la fertilidad y se considera segura. La función reproductiva es más sensible al equilibrio energético que al ejercicio en sí mismo, por lo que los problemas surgen principalmente cuando un entrenamiento intenso se combina con una baja disponibilidad energética, lo que puede alterar la ovulación y los ciclos menstruales.
El estilo de vida importa para la fertilidad. Un estudio de BMC Public Health encontró que las mujeres con 4–5 hábitos saludables tenían un 59% menos riesgo de infertilidad.
Rellena el cuestionario y obtén un programa personalizado, holístico y basado en la evidencia, adaptado a ti.
Clasificación de la evidencia utilizada en esta revisión:
La función reproductiva es sensible a la disponibilidad energética. Cuando el gasto energético es elevado en relación con la ingesta, la señalización hipotalámica puede verse alterada, lo que conduce a una reducción de la pulsatilidad de la GnRH y a una supresión posterior de la secreción de LH y FSH. Esto puede provocar irregularidades menstruales, disfunción de la fase lútea o amenorrea hipotalámica funcional (AHF), sobre todo en mujeres con poco tejido adiposo o con cargas de entrenamiento elevadas.
Grado de evidencia: A. Esta relación está firmemente respaldada por estudios en deportistas y mujeres con FHA, incluidos datos endocrinos y de resultados clínicos.
En las mujeres con síndrome de ovario poliquístico (SOP), el ejercicio se asocia con una mejora de la sensibilidad a la insulina y una reducción de la hiperinsulinemia. Estos cambios pueden contribuir a mejorar la función ovulatoria en algunas mujeres.
Grado de evidencia: A. Respaldado por ensayos controlados aleatorios y revisiones sistemáticas. El ejercicio se recomienda como parte del tratamiento de primera línea basado en el estilo de vida en las guías internacionales sobre el SOP.
El ejercicio puede influir de forma aguda en los niveles de cortisol, pero la relación entre el estrés inducido por el ejercicio y los resultados de fertilidad en personas sigue sin estar clara. Cualquier posible efecto reproductivo parece estar más relacionado con el estrés fisiológico general y el equilibrio energético que con la intensidad del ejercicio por sí sola.
Este contenido tiene fines exclusivamente educativos. Ha sido revisado para garantizar su precisión científica, pero no constituye consejo médico, diagnóstico ni tratamiento. Consulta siempre a un profesional sanitario cualificado para preguntas médicas o decisiones sobre tratamientos de fertilidad.
Revisado científicamente por: Dr. Mona Bungum
Última revisión: agosto de 2026
El estilo de vida importa para la fertilidad. Un estudio de BMC Public Health encontró que las mujeres con 4–5 hábitos saludables tenían un 59% menos riesgo de infertilidad.
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Grado de evidencia: C.
La actividad física moderada suele asociarse con una fecundabilidad neutra o ligeramente mejorada en los estudios de cohortes prospectivos. Algunos ejemplos son caminar a paso ligero, montar en bici por placer y hacer ejercicio aeróbico moderado. Sin embargo, los efectos son modestos y se ven afectados por la composición corporal, la dieta y factores socioeconómicos.
Grado de evidencia: B.
Las asociaciones entre el ejercicio vigoroso y una menor fertilidad son inconsistentes. Algunos estudios indican que las mujeres con grandes volúmenes de entrenamiento, sobre todo en deportes de resistencia, tardan más en quedarse embarazadas, mientras que otros no muestran ninguna asociación. Cuando se observan asociaciones, son más evidentes en mujeres con un IMC bajo o con poca disponibilidad energética.
Grado de evidencia: de B a C.
Un estilo de vida sedentario se asocia con una peor salud metabólica y un mayor riesgo de disfunción ovulatoria. Sin embargo, estos efectos se deben en gran medida al IMC y a la resistencia a la insulina, más que a la inactividad en sí misma.
Grado de evidencia: B.
La actividad física moderada durante el tratamiento de fertilidad no parece influir negativamente en la respuesta ovárica, la implantación ni los resultados del embarazo, según los estudios observacionales disponibles. Algunos estudios sugieren posibles beneficios para el bienestar psicológico y el cumplimiento del tratamiento.
Grado de evidencia: B.
Las recomendaciones clínicas suelen aconsejar evitar el ejercicio de alto impacto o vigoroso durante la estimulación ovárica y el periodo periimplantatorio. Esto se basa principalmente en consideraciones fisiológicas, como el agrandamiento ovárico y el riesgo de torsión, más que en datos sólidos sobre los resultados. La evidencia de efectos nocivos es limitada y no es consistente entre los distintos estudios.
Grado de evidencia: C.
La baja disponibilidad energética, ya sea por una carga elevada de ejercicio, una alimentación restrictiva o ambas cosas, se asocia con la supresión de la señalización de las hormonas reproductivas y con alteraciones menstruales. Esto está bien descrito en deportistas y en mujeres con FHA.
Grado de evidencia: A.
En las mujeres con sobrepeso u obesidad, el ejercicio se asocia con una mejora de los parámetros metabólicos y puede mejorar la función ovulatoria, sobre todo si se combina con una pérdida de peso moderada. La evidencia más sólida se observa en mujeres con SOP.
Grado de evidencia: A.
La actividad aeróbica moderada se asocia sistemáticamente con resultados reproductivos neutros o beneficiosos en los estudios observacionales.
Grado de evidencia: B.
El entrenamiento de resistencia mejora la sensibilidad a la insulina y la composición corporal. Los datos directos específicos sobre la fertilidad son limitados, pero se considera que las mejoras metabólicas pueden ser beneficiosas.
Grado de evidencia: B.
El entrenamiento de resistencia de alto volumen puede estar relacionado con alteraciones menstruales en personas propensas, sobre todo cuando hay poca energía disponible. Sin embargo, los efectos no son universales.
Grado de evidencia: de B a C.
La actividad física se asocia con una reducción del estrés, la ansiedad y los síntomas depresivos en muchas poblaciones. Dado que el estrés psicológico puede influir en la función reproductiva a través de vías neuroendocrinas, esto podría representar un mecanismo indirecto. Sin embargo, aún no se ha demostrado la relación causal entre la reducción del estrés gracias al ejercicio y la mejora de los resultados de fertilidad.
Grado de evidencia: B.
Grado de evidencia: A.
La evidencia actual se ve limitada por:
Entre las preguntas clave sin respuesta se incluyen:
Sí, pero el efecto depende de la dosis y del contexto. La actividad moderada suele ser neutra o beneficiosa para la fertilidad, mientras que las cargas de entrenamiento muy elevadas, combinadas con una baja disponibilidad energética, pueden suprimir la ovulación y alterar el ciclo menstrual. La función reproductiva responde más al equilibrio energético general que al ejercicio por sí solo.
No hay un umbral único que se aplique a todas las mujeres. Entre 150 y 300 minutos de actividad moderada a la semana se ajustan a las recomendaciones generales de salud. El riesgo aumenta sobre todo cuando el entrenamiento de alta intensidad o gran volumen se combina con una ingesta energética insuficiente o un IMC bajo.
Sí, en mujeres propensas. Cuando el gasto energético supera constantemente la ingesta, la señalización hipotalámica puede verse alterada, lo que reduce las hormonas que regulan la ovulación. Esto puede provocar ciclos irregulares o amenorrea hipotalámica funcional, sobre todo en mujeres con poco tejido adiposo o con cargas de entrenamiento muy elevadas.
Según los estudios disponibles, la actividad moderada no parece afectar a la respuesta ovárica, la implantación ni el resultado del embarazo, y puede favorecer tu bienestar psicológico. A menudo se evita el ejercicio de alto impacto o vigoroso como medida de precaución durante la estimulación ovárica, debido al riesgo de agrandamiento y torsión de los ovarios, aunque las pruebas de que sea perjudicial son limitadas.
Para la mayoría de las mujeres, lo más recomendable es una combinación de actividad aeróbica moderada y entrenamiento de resistencia. Tanto el entrenamiento de resistencia como el ejercicio aeróbico mejoran la sensibilidad a la insulina y la composición corporal, lo cual es especialmente importante para las mujeres con SOP.
La evidencia es sólida en este caso. En las mujeres con SOP, el ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina y puede restablecer la función ovulatoria, sobre todo si se combina con una pérdida de peso moderada, por lo que se recomienda como medida de primera línea para el control del estilo de vida en las guías internacionales.
En muchos casos, sí. Cuando la reducción del entrenamiento y una ingesta energética adecuada restablecen el equilibrio energético, la señalización hormonal y la ovulación regular suelen volver en los meses siguientes, aunque la recuperación varía de una persona a otra.
Esta es una cuestión aún sin resolver. Aunque algunos enfoques adaptan la actividad a cada fase del ciclo, todavía no hay pruebas sólidas de que hacer ejercicio en momentos específicos del ciclo cambie los resultados de fertilidad.
La relación entre el ejercicio y la fertilidad femenina se describe mejor como dependiente de la dosis y específica del contexto, más que como lineal. La actividad física moderada suele ir de la mano de resultados reproductivos neutros o potencialmente beneficiosos, sobre todo en mujeres con disfunción metabólica, mientras que las cargas de entrenamiento elevadas pueden estar relacionadas con alteraciones menstruales y ovulatorias cuando hay poca disponibilidad energética.
En general, la función reproductiva parece más sensible al equilibrio energético que al ejercicio por sí solo. La interpretación clínicamente relevante es que se debe mantener el ejercicio en la mayoría de las mujeres que intentan concebir, evitando al mismo tiempo el déficit energético crónico y las cargas de entrenamiento excesivas en personas susceptibles.
Clasificación de la evidencia utilizada en esta revisión: