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El camino de la fecundación in vitro (FIV) suele ser complejo y emocionalmente intenso. Muchos factores, desde el equilibrio hormonal hasta la calidad del óvulo y el esperma, influyen en los resultados. Cada vez más, los investigadores examinan también una pieza menos conocida del rompecabezas de la fertilidad: el microbioma vaginal.
Los primeros estudios indican que los microorganismos que viven en la vagina podrían desempeñar un papel en la salud reproductiva, influyendo posiblemente en la implantación y las primeras etapas del embarazo. Sin embargo, aunque los hallazgos son intrigantes, la ciencia aún está en desarrollo, y los resultados aún no son coherentes en todos los estudios.
El microbioma vaginal es una comunidad de bacterias, hongos y virus que viven en el canal vaginal. A diferencia del intestino, que se beneficia de la diversidad, el microbioma vaginal parece más sano cuando está dominado por especies de Lactobacillus. Estas bacterias ayudan a mantener un pH bajo (en torno a 4,5), que disuade a los microbios nocivos y favorece un entorno equilibrado.
Cuando este equilibrio cambia —una condición conocida como disbiosis— puede aumentar la inflamación, lo que puede afectar al moco cervical, la supervivencia de los espermatozoides y las condiciones de implantación.
Algunos pequeños estudios, como uno publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina, han observado que las mujeres con microbiomas dominados por Lactobacillus tienden a tener mejores tasas de implantación y de nacidos vivos en comparación con las que presentan desequilibrios microbianos como Gardnerella vaginalis o Atopobium vaginae.
Aun así, los investigadores advierten que estas asociaciones no prueban la causalidad y que se necesitan estudios controlados más amplios para confirmar si el microbioma vaginal puede predecir con fiabilidad los resultados de la FIV.
La inflamación es una respuesta inmunitaria normal, pero cuando se vuelve crónica, puede interferir en la concepción. Algunas pruebas sugieren que los marcadores inflamatorios en el útero o la vagina, como las citocinas IL-6 y TNF-alfa, pueden estar relacionados con fallos de implantación o abortos espontáneos tempranos (Frontiers in Immunology).
Sin embargo, no está claro si la inflamación causa directamente estos resultados o simplemente refleja otros problemas subyacentes como una infección o un desequilibrio hormonal.
La inflamación crónica de bajo grado se ha asociado a complicaciones como el parto prematuro, la preeclampsia y la pérdida del embarazo (PubMed, 2022). Controlar la inflamación mediante una nutrición equilibrada y el apoyo al microbioma puede ayudar, aunque las pruebas clínicas siguen siendo limitadas.
El microbioma vaginal responde a la dieta, el estrés y los hábitos de vida, todos ellos especialmente relevantes durante el tratamiento de fertilidad.
Incluso un consumo moderado de alcohol puede influir en el equilibrio hormonal y la inflamación. Un estudio sobre los resultados de la FIV descubrió que las mujeres que consumían más de cuatro bebidas a la semana tenían menores probabilidades de concebir. Reducir o evitar el alcohol al menos unos meses antes de la FIV puede favorecer la estabilidad hormonal y la salud reproductiva en general.
Los estrógenos fomentan la producción de glucógeno en las células vaginales, proporcionando alimento a los Lactobacillus, mientras que la progesterona influye en la función inmunitaria y mucosa. Cuando los niveles hormonales fluctúan debido al estrés, la medicación o la dieta, el microbioma puede cambiar, aumentando potencialmente el riesgo de inflamación.
La inflamación sistémica también puede afectar la salud de los óvulos. Las dietas ricas en ácidos grasos omega-3, antioxidantes y micronutrientes como la CoQ10, el zinc y las vitaminas C y E pueden ayudar a proteger los óvulos del daño oxidativo. Aunque las pruebas son preliminares, el apoyo a la salud metabólica e inflamatoria general se considera beneficioso durante la preparación para la FIV.
Las pruebas del microbioma vaginal pueden identificar el equilibrio bacteriano mediante un simple hisopo. Las clínicas y los kits caseros pueden detectar desequilibrios comunes que afectan a las especies Gardnerella, Ureaplasma o Candida.
Cuando se detecta una disbiosis, los enfoques pueden incluir:
Aunque algunas clínicas ofrecen pruebas del microbioma como parte de las evaluaciones previas a la FIV, los expertos señalan que este campo está aún en sus primeras fases y que faltan directrices de tratamiento estandarizadas.
Para mantener un microbioma equilibrado y unos niveles hormonales estables:
Estas medidas pueden ayudar a reducir la inflamación y favorecer la fertilidad en general, incluso más allá de los efectos del microbioma.
La hormona antimülleriana (AMH) refleja la reserva ovárica y también puede estar influida por la salud metabólica general. Aunque no existe una forma comprobada de aumentar significativamente la AMH, optimizar la nutrición y reducir la inflamación puede favorecer la función ovárica.
Los pasos clave incluyen:
Aunque la edad sigue siendo el factor más determinante de la calidad de los óvulos, las investigaciones sugieren que la nutrición, el control de la inflamación y la ingesta de antioxidantes pueden mejorar el potencial de fecundación. Por ejemplo, los patrones dietéticos antiinflamatorios se han relacionado con un mejor desarrollo embrionario en mujeres sometidas a FIV (Medicina Reproductiva).
Un metaanálisis de 2023 sugirió que la composición microbiana vaginal podría correlacionarse con el éxito de la FIV, pero las pruebas son aún preliminares. Aunque la evaluación del microbioma podría formar parte algún día de las pruebas estándar de fertilidad, actualmente se considera más una herramienta de investigación emergente que un predictor probado.
Tu microbioma vaginal es una parte activa de tu sistema reproductivo que interactúa con las hormonas, la inmunidad y la inflamación. Aunque se necesitan más estudios, apoyar el equilibrio microbiano mediante hábitos saludables, una buena nutrición y el control de la inflamación puede ayudar a crear la mejor base posible para la concepción y el embarazo.
Este contenido tiene fines exclusivamente educativos. Ha sido revisado para garantizar su precisión científica, pero no constituye consejo médico, diagnóstico ni tratamiento. Consulta siempre a un profesional sanitario cualificado para preguntas médicas o decisiones sobre tratamientos de fertilidad.
Revisado científicamente por: Dr. Mona Bungum
Última revisión: noviembre de 2025
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