Hoy vamos a explorar la inteligencia emocional y la importancia de reconocer nuestras emociones.
La inteligencia emocional se refiere a "la capacidad de reconocer, regular y expresar eficazmente las propias emociones". Se basa en cuatro pilares fundamentales:
- Autoconciencia
- Autogestión
- Conciencia social
- Conciencia relacional
En este artículo, nos centraremos en la autoconciencia, la autogestión y la conciencia relacional.
A lo largo de la vida, nos encontramos con la dualidad, la coexistencia de experiencias positivas y negativas, ya sea en pequeños momentos o en grandes acontecimientos vitales. Nuestra fuerza reside en nuestra capacidad para acoger tanto las emociones positivas como las difíciles. Cuando nos enfrentamos a la infertilidad, las emociones pueden volverse especialmente intensas, lo que dificulta su gestión. Los sentimientos de tristeza profunda y dolor o de alegría inmensa y entusiasmo pueden ser abrumadores a su manera.
Si reflexionas sobre las historias que encontramos, verás que en todas ellas existe dualidad.
Sin embargo, tenemos el poder de decidir dónde enfocar nuestra energía y nuestras emociones. Al aceptar tanto los aspectos positivos como los negativos de la vida, cultivamos una mayor comprensión de nosotros mismos y accedemos a nuestra fuerza interior.
Permitirnos sentir emociones nos ayuda a comprenderlas y a identificar lo que las desencadena. Nuestras emociones nos proporcionan una valiosa visión de nuestro mundo interior. Es esencial recordar que las emociones son temporales. Si te quedas con una emoción intensa durante solo 90 segundos, te darás cuenta de que sigues estando bien después de ese breve periodo. Aunque quedarte con el malestar puede ser un reto, desarrollar la autoconciencia significa preguntarse a uno mismo:
- ¿Cuál es el origen de este sentimiento?
- ¿Qué desencadenó esta emoción?
- ¿Las palabras o acciones de alguien han contribuido a ello?
- ¿Dónde siento físicamente esta emoción en mi cuerpo?**.
Escribir un diario sobre estas reflexiones puede ayudarte a comprender mejor tus patrones y respuestas emocionales.
Muchos de nosotros hemos crecido en entornos en los que no se fomentaba la expresión de las emociones. Sin embargo, durante mi proceso de fertilidad, evitar mis emociones me llevó al agotamiento, a las crisis nerviosas e incluso a la angustia física. A través de la curación y el crecimiento personal, llegué a reconocer la necesidad de procesar, reconocer y trabajar las emociones. Mi verdadero poder surgió cuando me permití sentir. Ahora doy la bienvenida a todas las emociones -la ira, la felicidad, la tristeza- porque reprimirlas, en última instancia, hace más mal que bien.
Ignorar las emociones puede provocar malestar físico y mental, ya que nuestros cuerpos y mentes intentan señalar que necesitan atención.
Por eso es tan importante aprender a tolerar la incomodidad. Prueba a programar un temporizador para 10 minutos y permítete experimentar plenamente tus emociones. Observa cómo te sientes después. Al dejar pasar las emociones en lugar de resistirte a ellas, creas espacio para el crecimiento personal y una conexión más profunda contigo mismo.
Los mismos principios se aplican a las relaciones, sobre todo con tu pareja. La infertilidad puede tensar el matrimonio, por lo que la inteligencia emocional es aún más esencial. Puede que te hayas encontrado con discusiones, falta de comunicación o conversaciones difíciles. Es crucial compartir tus sentimientos abiertamente con tu pareja, incluso cuando se discuten temas difíciles. Establecer un espacio seguro de apoyo mutuo refuerza vuestro vínculo. Practicar la conciencia de la relación significa darse tiempo para procesar las emociones antes de mantener conversaciones abiertas y constructivas sobre las expectativas, miedos y aspiraciones relacionados con la fertilidad y la pareja. Este enfoque mejora la intimidad emocional, alimenta la empatía y fomenta la responsabilidad compartida.
La conciencia de la relación te permite reconocer lo que funciona, lo que no funciona y los aspectos que deben mejorarse, y eso está muy bien. El crecimiento proviene de enfrentarse a los retos de frente.
Aunque las conversaciones difíciles pueden resultar incómodas a corto plazo, allanan el camino hacia el bienestar emocional a largo plazo.
Una práctica sencilla pero impactante es reservar tiempo intencionado para la conexión. Yo lo llamo "Tiempo de pareja". Dedica 15 minutos, sin distracciones, a sentarte cara a cara con tu pareja, cogidos de la mano. Compartid por turnos lo que apreciáis, admiráis o encontráis atractivo en el otro. Esta práctica crea confianza y refuerza los vínculos afectivos. Podéis integrar el "Tiempo de pareja" en vuestra rutina diaria, por ejemplo antes de acostaros, o programar noches de cita regulares centradas únicamente en disfrutar de la compañía del otro sin hablar de temas relacionados con la fertilidad. Esto puede reavivar la intimidad y reforzar vuestra relación.
Al adoptar la inteligencia emocional -mediante el autoconocimiento, la autogestión y el conocimiento de la relación- creamos oportunidades de curación, crecimiento personal y conexiones más profundas en nuestro viaje de fertilidad y más allá.